P: Practico distintos tipos de gimnasia desde hace años y al principio noté una gran tonificación, pero ahora noto que mi cuerpo sigue igual, como si ya no me hiciera efecto. ¿Qué puede estar sucediendo?, ¿estaré haciendo algo mal?
R: No te preocupes, lo que te sucede es perfectamente normal y tiene una explicación fisiológica, lo cual no quiere decir que sea irreversible. Parte del éxito obtenido por la raza humana en la lucha por la supervivencia desde hace millones de años es su capacidad de adaptación, nuestro antepasados más primitivos tuvieron que vivir prescindiendo de la comida por varios días, esto generó en el organismo un sistema de “economización”. Esto consistía en lograr niveles óptimos de desempeño con el mínimo gasto energético y este sistema nos sigue acompañando aún en nuestros días.
Cuando realizamos actividad física por primera vez, o cuando comenzamos una nueva temporada deportiva, el cuerpo reacciona frente a esos estímulos preparándose para soportar los nuevos desafíos. La actividad física es una “agresión” a nuestro organismo, hay microrupturas de tejido muscular y tendinoso, desgaste de los depósitos energéticos, etc., lo beneficioso del ejercicio es justamente eso, obliga al cuerpo a fortalecerse. En un principio desencadena una serie de respuestas metabólicas, como tonificar nuestros músculos, pero luego de un tiempo nuestro cuerpo se adapta y realiza el mismo trabajo con el menor gasto metabólico posible. Si la actividad no demanda nuevos desafíos para nuestro organismo, éste no se molestará en realizar cambios en el cuerpo.
¿Cuál será la manera de contrarrestar este sistema adaptativo?, a nuestro criterio, un adecuado trabajo de musculación es la solución. En las clases de gimnasia, por tratarse de un grupo o por carecer de los medios suficientes, no siempre podemos forzar a nuestro cuerpo a rendir un poco más, en cambio en una rutina de pesas día a día podemos enfrentar nuevos retos que mantendrán a nuestro cuerpo metabólicamente activo y siempre progresando, pruébalo.
viernes, 16 de octubre de 2009
martes, 26 de mayo de 2009
El compañero ideal
Como tantas otras cosas en la vida, el entrenamiento con pesas es mejor si se hace de a dos. Tener un compañero de entrenamiento nos beneficia de muchas maneras, siempre y cuando éste sepa cual es su función.
Un compañero que actúe adecuadamente nos motivará, nos dará seguridad y obviamente que nosotros deberemos corresponderle de la misma manera. Si todavía no tenemos compañero sería bueno que buscáramos uno, pero ¿como lo elijo?
Es claro que debe ser alguien con quien tengamos cierta empatía, no tiene porque ser un amigo, hay gente que solo se ve en el gimnasio para entrenar y eso es suficiente. Lo imprescindible será que tengan objetivos en común, de esa forma podrán utilizar sistemas de entrenamiento similares, si es posible de complexión similar y que muevan pesos semejantes, pero estos dos últimos no son factores excluyentes, así mismo podrá ser una pareja mixta la que se reúna para entrenar.
Trataré de darles pautas básicas para buscar (y ser) un buen compañero de entrenamiento.
1º) Motivar: desde hacerte ir al gimnasio un día que no tienes ganas, hasta alentarte a hacer una repetición más, un buen compañero siempre estará animándote y eso te ayudará a superarte y rendir cada vez más.
2º) Atender: cuando estamos ayudando estamos para eso y nada más, no debemos darnos vuelta a conversar ni nada parecido. Debemos estar pendientes del peso, de lo que pueda suceder ya que en un descuido el otro podría lastimarse.
3º) Dar seguridad: en los ejercicios que son más riesgosos (cuando el peso está por encima de la cabeza, una sentadilla pesada, etc.) un buen compañero tiene que transmitir seguridad, hacerle saber al que realiza el ejercicio que esta ahí, que no lo va a dejar solo y darle la confianza suficiente para que haga la serie.
4º) No tener piedad: aunque suene macabro esto es así, debemos asegurarnos que nuestro compañero no abandone el gimnasio hasta haber realizado su máximo esfuerzo, no podrá dejar la rutina por la mitad, tendrá que realizar todas y cada una de las series y hasta la última repetición (a no ser en caso de enfermedad o lesión, obvio). Esto irá solo en beneficio de él y de nosotros si el tiene la misma premisa para con nosotros. Cada vez que superviso a alguien, es común escuchar “pobre, lo está matando” y no entienden que lo que hago es ayudarlo a que rinda al máximo para que obtenga los mejores resultados.
5º) Saber ayudar: esto viene a colación del ítem anterior, hay veces en que se necesita que alguien te mueva la barra un poquito para realizar una o dos repeticiones más. Esto que parece algo tan simple, es lo más difícil de lograr. La mayoría de las personas “ayuda demasiado”, tanto que a veces el que asiste termina haciendo más fuerza que el que está entrenando. La ayuda debe ser la mínima posible y la suficiente para que el peso supere la parte más dura del movimiento, pasado ese punto debemos dejar que continúe solo.
6º) Vigilar la técnica: siempre deberá prevalecer la ejecución estricta antes que los kilajes excesivos, y ¿que mejor que tu compañero de entrenamiento para marcarte las deficiencias de tus movimientos?.
7º) Premiar: aunque parezca algo tonto también es función del compañero reconocerle al otro el buen desempeño que realizó. Frases como: “que bueno estuvo el entrenamiento de hoy” o “en esta serie dejaste todo”, ayudan a reafirmar el compromiso del entrenamiento.
Si consiguen un compañero de entrenamiento y siguen estos consejos llevarán su cuerpo a un nuevo nivel.
Un compañero que actúe adecuadamente nos motivará, nos dará seguridad y obviamente que nosotros deberemos corresponderle de la misma manera. Si todavía no tenemos compañero sería bueno que buscáramos uno, pero ¿como lo elijo?
Es claro que debe ser alguien con quien tengamos cierta empatía, no tiene porque ser un amigo, hay gente que solo se ve en el gimnasio para entrenar y eso es suficiente. Lo imprescindible será que tengan objetivos en común, de esa forma podrán utilizar sistemas de entrenamiento similares, si es posible de complexión similar y que muevan pesos semejantes, pero estos dos últimos no son factores excluyentes, así mismo podrá ser una pareja mixta la que se reúna para entrenar.
Trataré de darles pautas básicas para buscar (y ser) un buen compañero de entrenamiento.
1º) Motivar: desde hacerte ir al gimnasio un día que no tienes ganas, hasta alentarte a hacer una repetición más, un buen compañero siempre estará animándote y eso te ayudará a superarte y rendir cada vez más.
2º) Atender: cuando estamos ayudando estamos para eso y nada más, no debemos darnos vuelta a conversar ni nada parecido. Debemos estar pendientes del peso, de lo que pueda suceder ya que en un descuido el otro podría lastimarse.
3º) Dar seguridad: en los ejercicios que son más riesgosos (cuando el peso está por encima de la cabeza, una sentadilla pesada, etc.) un buen compañero tiene que transmitir seguridad, hacerle saber al que realiza el ejercicio que esta ahí, que no lo va a dejar solo y darle la confianza suficiente para que haga la serie.
4º) No tener piedad: aunque suene macabro esto es así, debemos asegurarnos que nuestro compañero no abandone el gimnasio hasta haber realizado su máximo esfuerzo, no podrá dejar la rutina por la mitad, tendrá que realizar todas y cada una de las series y hasta la última repetición (a no ser en caso de enfermedad o lesión, obvio). Esto irá solo en beneficio de él y de nosotros si el tiene la misma premisa para con nosotros. Cada vez que superviso a alguien, es común escuchar “pobre, lo está matando” y no entienden que lo que hago es ayudarlo a que rinda al máximo para que obtenga los mejores resultados.
5º) Saber ayudar: esto viene a colación del ítem anterior, hay veces en que se necesita que alguien te mueva la barra un poquito para realizar una o dos repeticiones más. Esto que parece algo tan simple, es lo más difícil de lograr. La mayoría de las personas “ayuda demasiado”, tanto que a veces el que asiste termina haciendo más fuerza que el que está entrenando. La ayuda debe ser la mínima posible y la suficiente para que el peso supere la parte más dura del movimiento, pasado ese punto debemos dejar que continúe solo.
6º) Vigilar la técnica: siempre deberá prevalecer la ejecución estricta antes que los kilajes excesivos, y ¿que mejor que tu compañero de entrenamiento para marcarte las deficiencias de tus movimientos?.
7º) Premiar: aunque parezca algo tonto también es función del compañero reconocerle al otro el buen desempeño que realizó. Frases como: “que bueno estuvo el entrenamiento de hoy” o “en esta serie dejaste todo”, ayudan a reafirmar el compromiso del entrenamiento.
Si consiguen un compañero de entrenamiento y siguen estos consejos llevarán su cuerpo a un nuevo nivel.
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