domingo, 2 de marzo de 2008

Osteoporosis y ejercicio (parte II)

La vez anterior comenzamos la tarea de explicar como y porque nos ayuda

el ejercicio en el tratamiento y prevención de la osteoporosis.

Vimos que el ejercicio más adecuado sería el entrenamiento con pesas ya que la tracción que

ejercen los músculos sobre los huesos estimula el mecanostato óseo.

Este estímulo generado en el punto de tracción muscular es diseminado por todo el hueso,

haciéndolo más fuerte en su totalidad y no solo donde se inserta el tendón del músculo. Así

mismo la inactividad logrará el efecto contrario y seremos más propensos a la pérdida de masa

ósea.

Dados estos factores podemos decir que si llevamos una adecuada actividad física durante

nuestra vida, cuando llegue la época de nuestra vida en que disminuye la densidad de nuestros

huesos, contaremos con un buen capital óseo, lo cual redundará en una menor pérdida de hueso,

mientras mejor estén nuestros huesos menos nos afectará la osteoporosis.

Quizás una persona que en estos momentos sufra los efectos de la osteoporosis lea esto y piense:

“¡¡¡si hubiera sabido esto antes!!!”, pero hay una buena noticia, el adecuado entrenamiento con

pesas puede frenar en incluso revertir (en cierta medida) la osteoporosis.

No estamos aconsejando que usted en su casa se ponga a levantar pesas porque “leí en el diario

que es bueno para la osteoporosis”, de ninguna manera.

Generalmente este tipo de patologías no se presenta solo, por lo tanto será el entrenador el

encargado de determinar que ejercicios hacer y como hacerlos, ya que una ejecución incorrecta

sumada a unos huesos débiles, podría ser contraproducente.

Es bastante común que la osteoporosis sea acompañada por artrosis, siendo así (dependiendo del

caso) podría ser desaconsejado el entrenamiento con pesas, y son más aconsejables el ejercicio

aeróbico y ejercicios de movilidad, para no perder el arco de movilidad y el tono muscular. De

todas maneras en casos como este la última palabra la tendrá el médico.
Si ya sufren de estas

patologías consulten a su médico y traten de mantenerse activos.

Chau.

sábado, 23 de febrero de 2008

Osteoporosis y ejercicio (parte I)

La osteoporosis es una debilidad esquelética producida por una disminución generalizada y

progresiva de la densidad ósea.

Los huesos están en constante remodelación, todo el tiempo coexisten procesos de formación y resorción ósea. Esto lo logran por medio de dos tipos de células especializadas, unas encargadas de la formación (osteoblastos), y otras de la resorción de hueso (osteoclastos). En las mujeres la actividad osteoclástica (destrucción ósea) aumenta a causa del descenso de estrógenos, a su vez luego de los 60 años hombres y mujeres sufrimos un descenso en los niveles de osteoblastos (formadores de hueso). En resumen, tarde o temprano todos vamos a sufrir osteoporosis, lo que no sabemos es si esto va a afectar nuestra calidad de vida y aquí dependemos de nuestra genética, de la alimentación y del ejercicio.

La genética es la parte que no podemos controlar, pero los otros dos factores si, por eso en nuestra alimentación deberemos tener un adecuado aporte de calcio. Pero en ocasiones y sobre todo a cierta edad, si bien las necesidades de calcio están cubiertas (incluso con tratamiento farmacológico) la osteoporosis sigue ahí, e incluso avanza. Aquí es donde hace su entrada la actividad física y especialmente el entrenamiento con pesas.

La eficiencia de los huesos como estructuras biomecánicas está regulada por un mecanismo interno llamado “mecanostato óseo”. El mismo percibe el uso mecánico habitual en cada región esquelética, o sea los niveles de tensión soportados por los distintos huesos.

El entrenamiento con pesas fuerza constantemente a nuestros músculos, los cuales tienen su punto de tracción en los huesos. Este “stress” mecánico generado en el punto de inserción del músculo, es el que hace que el mecanostato mejore la densidad ósea como forma de optimizar la rigidez del hueso.

Por hoy dejaremos este tema por aquí y lo retomaremos la semana siguiente, porque consideramos importante aclarar bien ciertos puntos para una mejor comprensión de la importancia de la actividad física en el tratamiento y la prevención de esta patología.